domingo, 7 de junio de 2009

Norberto Rivera, cómplice del atraso democrático de este país, acusado de encubrir a curas pederastas.

¡Juicio ya a curas y religiosos delincuentes!

Narco poder del PAN en Sonora

Evidencias documentales sobre la infiltración del narco en municipios gobernador por el PAN.

¿Y cuándo se investigará a Fox, a Marta Sahagún y a sus hijos en relación a sus presuntos vínculos con el narcotráfico?, ¿por qué dejaron escapar al Chapo Guzmán?, ¿qué pasaba en las aduanas durante el foximato-sahagunato y qué ha sido del caso Zhenli Ye Gon?

Gober precioso impune: mafia del PRI

Mario Marín, gobernador de Puebla, involucrado en la persecución contra Lydia Cacho. PAN, Fox y Calderón negociaron con el PRI su permanencia, así como la de Ulises Ruiz, a cambio de avalar el fraude electoral del 2006.

viernes, 5 de junio de 2009

Mal tiempo para votar...? la crítica a la democracia burguesa como prueba de lucidez


Angélica García
Blog El Grito del Pueblo

gritodelpueblo.blogspot.com

Nacemos, y en ese momento es como si hubiéramos firmado
un pacto para toda la vida, pero puede llegar el día en que nos preguntemos

Quién ha firmado esto por mí

-El comisario de policía-


Mal tiempo para votar, son las primeras líneas plasmadas en el Ensayo sobre la lucidez del portugués José Saramago. Mal tiempo para votar, se dice el presidente de la mesa electoral número catorce de la capital de un país sin nombre, mientras observa una torrencial lluvia que parece haber borrado a los electores.

Así comienza un texto que se convierte en viaje alucinante a través de la reflexión sobre el sistema democrático imperante en el mundo actual, viaje que parte de una premisa sencilla… ¿qué pasa cuando el 83% del electorado de la capital de un país vota nulo?

Es así que tenemos a tres partidos desesperados (el de la derecha, el del centro y el de la izquierda), incapaces de explicarse cómo es que los ciudadanos han decidido cometer semejante atentado en contra del sistema.

En su desesperación, buscan pruebas de un complot anarquista internacional –el rojo resulta un color amenazador-, echan a andar operativos de espionaje para explicarse el por qué de semejante desafío, y finalmente, deciden castigar a la ciudad insurrecta…los derechos no son abstracciones […] los derechos se merecen o no se merecen, y ellos no lo merecen… sentencia el ministro de defensa de este país imaginario para justificar el estado de sitio que caerá sobre esta ciudad como castigo a su ejercicio indebido de la ley electoral…. porque indebida es cualquier acción que amenace a los señores del poder, por indebido se entiende el ejercer los derechos en contra del gobierno, en fin, que es indebido cuestionar, criticar y pero aún, apropiarse y hacer uso de aquellos derechos que nadie nos ha regalado, que son nuestros por –válgame la redundancia- derecho propio.

En las líneas de este libro, se plasman con intrincados diálogos los argumentos de un gobierno paralizado ante la callada protesta de la ciudadanía plasmada en papeletas electorales anuladas.

El abstencionismo, sea por apatía o sea por desánimo ante la falta de propuestas políticas, es visto como algo normal por los políticos de nuestros tiempos, quienes validan su estancia en el poder basados en los votos que puedan caer en las urnas electorales. Pero la presencia de miles de papeletas anuladas, desencadena una reacción de pánico que desata una serie de acontecimientos que tienen por protagonistas a un comisario de policía y la mujer que nunca quedó ciega durante la terrible epidemia de luz blanca que azotó a la misma ciudad en el Ensayo sobre la ceguera.

La historia se limita a retratar las reacciones de los políticos ante lo que parece el inicio de una revuelta social que no esperan, y que por lo tanto no saben cómo afrontar. Retrata la manera en la que la ciudad cercada busca continuar su vida cotidiana sin dar demasiada importancia al supuesto castigo del gobierno, sin embargo, jamás se exploran las razones que mueven a ciudadanos comunes y corrientes a votar nulo, tampoco las que les permiten organizarse como uno solo durante el sitio para sobrevivir y resistir la embestida gubernamental.

El sistema imperante, ante la imposibilidad de explicarse el fenómeno del voto nulo, recurre a atentados de corte terrorista, a la suspensión del sistema de recolección de basura de la capital y a la infiltración de agentes para detectar a la dirigencia de un supuesto grupúsculo radical.

Los resultados son contundentes: ante el atentado la ciudad mantiene su dignidad y sale a las calles con bandas blancas en los brazos acompañando a las víctimas en una marcha fúnebre masiva, silenciosa, desafío callado pero contundente al terror desatado por el Estado que defiende una democracia enferma; los agentes regresan con el mismo informe, la gente no acepta ni niega haber votado nulo, se escudan en el derecho a ejercer el voto libre y secreto; ante la huelga de la empresa recolectora de basura, las mujeres salen a barrer las calles como si se hubieran preparado con meses de anticipación para enfrentar el ataque.

En el relato se entrelazan, de manera magistral, dos historias: la que sucede al interior del cerco y la de un gabinete debilitado por quienes han utilizado los mismos mecanismos que defienden los partidos oficiales para asestar un golpe certero al gobierno

¿Qué democracia defienden los actuales gobiernos? Tras la lectura de esta obra queda la sensación de estar viviendo una farsa. Hay derechos que los gobiernos supuestamente democráticos aceptan, toleran y en ocasiones hasta defienden, como la libertad de prensa o la libertad de reunión. ¿Pero si se cuestionara a la democracia misma? ¿Qué pasaría si las urnas, en las elecciones del 2009, se llenaran con votos nulos? Tal vez la respuesta gubernamental sería atroz, como la de un animal herido que ataca a quien le ha asestado un golpe fatal.

En entrevista al periódico La Jornada, José Saramago afirma que en la democracia representativa actual se acepta la libertad de manifestación y discusión de todos los temas, menos el debate de la propia democracia y del predominio del poder económico, que él observa como el poder real (La Jornada, 19/06/2005).

El poder económico, sustento del sistema capitalista, se camuflajea detrás de discursos que relamen palabras como libertad, paz y democracia para justificar las peores atrocidades contra otros pueblos, como el irakí, masacrado por las tropas yanquis e inglesas que buscan llevarles las bondades del mundo occidental.

El Ensayo sobre la lucidez se convierte así, en una crítica abierta a los valores que los políticos ensalzan como ciudadanos. El autor afirma: Posiblemente vivimos en lo que se puede llamar una democracia formal, pero que, desde un punto de vista sustancial, y eso sería lo importante, es bastante precaria. La democracia se encuentra enferma.

Estamos ante una obra profundamente política, ante una invitación tal vez no tan velada a cuestionar el sistema de raíz, a preguntarnos si esa supuesta democracia en la que vivimos y que desesperadamente defienden los poderosos, no es más que una tuerca más de un sistema opresivo y desigual.

Tal vez, y sólo tal vez, una epidemia de voto nulo sea la semilla con la que podremos comenzar a transformar a este mundo en un lugar más justo, en un lugar en el que valga la pena vivir.


Soberbia ante el voto blanco


Katia D'Artigues
Campos Elíseos
El Universal

Sí es una gran ola. Pero los políticos, soberbios, no quieren verlo.

No es una “ocurrencia” de alguien con una filiación determinada llamar a “votar en blanco” o hacer un voto nulo para políticos nulos, como dice Carlos Páez Agraz en Guadalajara. Eso de ponerle “tache a todos”, como dice Gabriel Hinojosa Rivero en Puebla (y sí: es primo de Felipe Calderón Hinojosa).

De un mes para acá muchos hemos escrito sobre el fenómeno creciente del voto en blanco; del hecho de que siete de cada 10 mexicanos no piensan ni ir a votar… pero los políticos no acusan recibo.

O andan pensando, como también lo escribió José Saramago en Ensayo sobre la lucidez, que todo es producto de una suerte de compló… cuando —en la novela y en la realidad— se trata de un despertar ciudadano.

Peor. Si lo hacen, escriben para descalificarlo. Para muestra, el artículo que Germán Martínez publicó ayer en EL UNIVERSAL: “El voto nulo está movido por los mismos que antes de la alternancia con Vicente Fox gritaban (…) ‘choque de trenes’ que haría volar en pedazos a la nación. También me temo que son los que, luego de la victoria del presidente Calderón, clamaban a un presidente interino (...) cuando se les acabó el cuento del ‘Estado fallido’, son ellos mismos los que traen el voto nulo”.

O sea: todo es un compló de sectores del PRI y el del PRD-PT-Convergencia (juntos o separados… ya ni ellos saben) que… ¡los desacredita a ellos por igual! Fíjese.

Allá Germán y los demás políticos que les vale, porque están apostando a una elección de maquinarias/acarreos que nos desilusionará más.

El antivirus es sencillo: basta con subirse a algunas de las peticiones que se hacen a la par de votar en blanco, y que no escuchan. Como las candidaturas ciudadanas, aunque el tribunal ayer haya bateado a dos. La reelección de legisladores. La transparencia de los partidos.

Y otra: que se legisle el voto en blanco. Si una mayoría vota en blanco, que se repitan las elecciones con otros candidatos y, claro, menos presupuesto. En 2005, una diputada del PRD, Eliana García Laguna, presentó una iniciativa así. Debe estar en la congeladora.

Claro, también pasa que se necesita “autocrítica”… de la cual carecen los partidos políticos.

Ayer me topé con la página web de una ex panista desilusionada, Tatiana Clouthier, quien ahora con un matrimonio por conveniencia firmado ante notario con Nueva Alianza quiere ser alcaldesa en San Pedro Garza, Nuevo León.

En un video dice, tras llamar a los ciudadanos a abrir los ojos: “Si ya nadie cree en los partidos políticos, es porque empezamos a creer en nosotros mismos”.

Eso es lo mejor que podría suceder.

¿Para qué sirve el voto nulo?


Octavio Rodríguez Araujo
La Jornada
04/06/2009

Con base en la información del Instituto Federal Electoral, la lista nominal de ciudadanos con derecho a voto consta de 77 millones 481 mil 874 personas. Algunos analistas han pronosticado que en la próxima elección federal del 5 de julio habrá entre 65 y 70 por ciento de abstención, lo que significaría, en la máxima abstención calculada, que sólo asistirían a votar poco más de 23.3 millones de ciudadanos. Los partidarios del voto nulo, por tanto, se dirigen a éstos y no a los más de 54 millones de mexicanos que probablemente se abstengan de sufragar.

Entre los promotores del voto nulo, en otros países también llamado voto en blanco, hay algunos que cuentan con blogs y otro tipo de representaciones en Internet, unos con más fundamento que otros. En todos los casos se lee una cierta posición en contra del sistema político y de los partidos, y se fundan sus esperanzas en la ciudadanía como si los políticos no formaran parte de ésta o fueran extraterrestres.

Esta propuesta tiene varios puntos flojos. El primero es creer que la ciudadanía no vive parcialidades subjetivas e intereses individuales de diversas orientaciones; es decir, se soslaya que es pluriclasista y que no son comparables los habitantes de los estados prósperos del país, incluido el Distrito Federal y buena parte de su zona metropolitana, y los de las entidades federativas donde radica el mayor número de pobres y de marginados de México. Más aún, se pasa por alto que en una misma ciudad no son semejantes los que viven en Las Lomas y Polanco, por ejemplo, con los habitantes de Iztapalapa o Milpa Alta, para sólo referirme a la ciudad de México. Ligado con esto, se omite que sólo un poco menos de 25 por ciento promedio de la población tiene acceso a Internet, y que incluso en este porcentaje general deben distinguirse las zonas del país más prósperas de las más marginadas. Los seis estados de la frontera norte y el Distrito Federal no tienen comparación, por cuanto a acceso a Internet, con los estados del centro y sur del país. En los primeros el acceso a la red es de casi el doble que en los demás. De ese 25 por ciento de la población que usa Internet, incluidos muchos menores de 18 años, ¿cuántos y por qué artes o inspiración, consultarán los blogs que llaman a anular el voto? ¿Cuántos están interesados en las páginas de contenido político, incluidos los periódicos que pueden ser consultados por medios electrónicos? ¡Qué bueno que existan páginas con intenciones de orientar o desorientar políticamente a la población! Pero, por favor, bájense de su pedestal. Pecar de soberbia puede ser peligroso, y el menor de sus riesgos sería ser víctima de la ingenuidad y del wishful thinking; es como si yo creyera que todos los lectores de La Jornada me leen y, peor, que influyo en ellos. Si en Estados Unidos muchos pensaron que mediante Internet y redes sociales podían llevar a Obama a la Casa Blanca (como en buena medida ocurrió), tenían una base de realidad que México no tiene; esto es, que 220 millones de estadunidenses (72.5 por ciento de la población total) tenían acceso a Internet en 2008 (datos de Internet World Stats).

Llamar a anular el voto es dejar, deliberadamente, que los que sí votan, por pocos que sean, elijan a los diputados por todos los demás, es decir por los abstencionistas y por quienes anulen su voto. Es dar un cheque en blanco a quienes triunfen de la próxima contienda. Estos dirán: si no votaste por mí no te debo nada, aunque por lo general digan lo mismo a los que sí votaron por ellos, pues nuestros diputados, con algunas excepciones, son bastante cínicos y nada o muy poco comprometidos con sus electores.

El cinismo de la mayor parte de nuestros políticos es ampliamente conocido, al igual que la poca o nula eficacia de las instituciones creadas teóricamente para atender las necesidades de la población. ¿Por qué, entonces, los promotores de la abstención o del voto nulo piensan que los van a afectar y/o a sensibilizar con el látigo del desprecio ciudadano al no acudir a las urnas o al echar a perder su voto?

La abstención, como el voto nulo, no conmueve a nadie ni cuestiona en serio la legitimidad de un candidato ganador. Cuando los serbios quisieron buscar la mayor participación legitimadora de los votos para la presidencia de la república, estableciendo que si en la segunda vuelta de la elección presidencial no sufragaba por lo menos la mitad de los votantes los partidos/candidatos tendrían que ir a nuevos comicios, se frustraron, ya que en las dos elecciones presidenciales llevadas a cabo en 2002 no se alcanzó el voto de 50 por ciento del registro de electores. En consecuencia, para las elecciones de 2003, la Asamblea Nacional de ese país modificó la ley estableciendo que ese 50 por ciento de votantes debía ser el mínimo en la primera vuelta, y no en la segunda como estaba estipulado. Sólo en los regímenes totalitarios monopartidistas la abstención es menor a 10 por ciento. En las democracias, por imperfectas o perfectas que sean, suele ser mucho mayor y ningún gobernante es de mayoría real, mucho menos un diputado, pero ahí están.

Si de veras se quisiera reprobar y rechazar en todos sentidos a la llamada clase política, mejor hubiera sido organizar desde hace tiempo (y no al cuarto para las 12) un grande y masivo movimiento en su contra y no convocar a la abstención o al voto nulo (que será secreto e íntimo) y que, al final, lo único que producirá será una satisfacción muy personal, pero no un movimiento organizado en contra del sistema. Y si el rechazo es sólo individual, aunque por su suma parezca colectivo, deberá tomarse en cuenta que los gobiernos siempre podrán absorber y paliar esa inconformidad individual, como bien lo hizo Salinas con su Programa Nacional de Solidaridad, para sólo poner un ejemplo de un candidato que, con todo y fraudes, no obtuvo siquiera el voto de 25 por ciento del padrón electoral en 1988.

El único movimiento social más o menos articulado nacionalmente en estos momentos es el que ha venido construyendo López Obrador, y no tiene nada que ver con el abstencionismo ni con el voto nulo. ¿Por qué no mejor fortalecerlo en lugar de militar en su contra a cambio de la satisfacción íntima y a la vez desorganizada de no acudir a las urnas o de votar en blanco? Para mí es obvio que después del voto nulo, por masivo que pueda ser (que no será), no pasará nada: ni los anulistas se organizarán ni surgirá de ahí movimiento alguno, pero Calderón y su partido estarán muy agradecidos.

jueves, 4 de junio de 2009

Deslinde de nuestra propuesta frente a los comunicadores oficialistas y frente a los políticos oportunistas de derecha


4 de junio de 2009.

La cobertura mediática oficialista y partidista ha intentado montarse en nuestra propuesta, ciudadana y popular, crítica de la descomposición del sistema político-electoral mexicano, como es la del voto nulo.

Las declaraciones de personajes como Santiago Pando -ex colaborador de Vicente Fox- o Tatiana Clouthier, candidata del Partido Nueva Alianza, propiedad de Elba Esther Gordillo, no son congruentes con nuestra propuesta ya que son partícipes de la degradación del sistema político que impugnamos.

Asimismo, nos deslindamos de aquellos informadores oficialistas: Eduardo Ruiz Healy, Carlos Loret de Mola, Ciro Gómez Leyva, Denise Maerker, entre otros, que se han montado a nuestra propuesta siendo que han legitimado las incongruencias de las autoridades electorales y han negado las demandas populares hacia una transformación de la vida democrática de este país.

No sólo denunciamos a la clase partidista responsable de la debacle nacional, al mismo tiempo, señalamos a sus cómplices, particularmente a los medios electrónicos de comunicación: Televisa y Tv Azteca, a los monopolios de las radiodifusoras y otros medios colaboradores del gobierno en turno.

Nos deslinadomos de las posturas y sujetos arriba mencionados. Su calidad moral no permite identificarlos con nuestra postura ya que respoden a sus propios intereses políticos y económicos.

Poder popular y ciudadano, voto nulo ya.

miércoles, 3 de junio de 2009

¿Quién es Elba Esther Gordillo, madrina del Partido Nueva Alianza?

Panal, otro partido para enviar al desagüe nacional.

Porros del PSD se apropian del partido ex Alternativa.

Video que muestra cómo los porros de la actual dirigencia del PSD rompen una asamblea en el DF y se apropian del partido. ¿Quiénes son estos porros?, ¿qué complicidades hay detrás de esta acción?, ¿es ésta la "izquierda moderna" que México necesita? ¡ADIÓS AL PSD!

¿De qué manera los ciudadanos podemos incidir para que partidos como el PSD, PVEM o el Panal pierdan el registro?

Anulando el voto de manera diferenciada. Si hay la intención de castigar a este tipo de partidos, la vía es votar para diputados federales por el partido que más nos atraiga o menos repulsión nos genere.

El IFE, para determinar si un partido conservará el registro nacional, tomará en cuenta el porcentaje que recibirá cada partido en diputados federales. Ahí el voto nulo no se considera, sólo los votos válidos.

Voto nulo diferenciado como otra opción política.

¿Por qué sí votar?


Lorenzo Córdova Vianello
El Universal
03/06/2009


Desde hace varias semanas ha venido cobrando fuerza una postura que llama por no votar en las próximas elecciones, o bien por acudir a las urnas y anular el sufragio. La intención, se dice, es la de protestar por esa vía contra una clase política corrupta y contra partidos que son antidemocráticos en su vida interna, que en realidad no representan los intereses de los ciudadanos, y que están dirigidos por élites que con miradas cortoplacistas buscan sólo satisfacer sus ambiciones personales y de grupo.

Se dice también que ese voto de castigo es una manera para obligar a los políticos a hacerse cargo de su descrédito y a propiciar, en consecuencia, que volteen a ver a la sociedad y atiendan sus legítimos reclamos.

El llamado a no votar o a anular el voto no es algo nuevo. En naciones europeas en ocasiones se ha recurrido al “voto en blanco” como una medida de protesta contra la falta de alternativas políticas reales, como en el caso de Italia, donde el rechazo a Berlusconi, por un lado, y la incapacidad de la izquierda de articular un discurso coherente que se opusiera al del magnate televisivo llevaron a muchos a postular la anulación del voto.

Entiendo los argumentos de quienes buscan impulsar esta postura en México pero no los comparto por las siguientes razones fundamentales:

1. Porque con el diseño legal que tenemos actualmente no existe la posibilidad de distinguir el voto anulado con motivo de protesta de aquellos que suponen un mero error.

2. Porque no es cierto que todos los partidos sean iguales. Existe un evidente descontento hacia los políticos que cruza transversalmente las fronteras partidistas, pero también hay varios aspectos de crucial importancia social que los distinguen y que suponen posicionamientos diferentes en torno a temas como la despenalización del aborto, el modo de combatir al crimen organizado, la manera de enfrentar la crisis económica, el tipo de reforma fiscal que se plantea, la actitud frente a la desigualdad y la pobreza, etcétera.

3. Porque los órganos representativos (en este caso la Cámara de Diputados) se van a integrar en su totalidad, con independencia del número de abstenciones o de votos nulos, y nada garantiza que los partidos tomen nota del reclamo que se les pretende hacer con la anulación del sufragio. Es más, estoy convencido de que un elector que vota por un partido tiene más autoridad moral para reclamarle a éste o a sus representantes las razones y motivos de su actuación. A fin de cuentas, una baja votación no supone de ninguna manera que se incremente el principio de rendición de cuentas, al contrario.

4. Finalmente, y esta es mi razón más importante, el llamado a no votar o a anular el voto no hace otra cosa más que hacerle el juego, conscientemente o no, a las posturas encarnadas por los grandes grupos de interés económico y mediático, que desde hace años han venido construyendo un sistemático y ramplón discurso de descrédito de la política, de los políticos y de los partidos. Basta ver los noticiarios estelares de la televisión para entender el punto.

Detrás de ese discurso se esconden peligrosas pulsiones autoritarias. Se trata de aquellas voces que cotidianamente abonan al desprestigio de la política y del Estado (particularmente de los órganos legislativos) con la evidente intención de hacer prevalecer sus propios intereses. La debilidad institucional sólo conviene a unos cuantos: a aquellos que apuestan por la personalización de la política o a aquellos grupos de presión que buscan imponer su propia agenda. Al fin y al cabo, no hay que olvidar que sin partidos y sin parlamento la democracia se agota.

El reto que tenemos enfrente como sociedad es rehuir a las salidas falsas (como la abstención o la anulación del voto) y encontrar verdaderos mecanismos de exigencia (no sólo durante las elecciones, sino de manera permanente) para demandar a la clase política comportarse a la altura de los graves problemas por los que atraviesa el país.


Investigador y profesor de la UNAM.

martes, 2 de junio de 2009

La novena opción: ética y anulación del voto.


Rossana Reguillo

Contra toda lógica instrumental, me parece que la opción de anular el voto ciudadano de manera consciente y decidida, no se deja leer desde las perspectivas que reducen lo político a la política formal que a su vez es generalmente (mal) comprendida como una especie de relación contractual entre la autoridad gubernamental y la ciudadanía. Es solo la reducción del voto a esa dimensión utilitaria, la que explica la resistencia o impugnación que se levanta desde algunos espacios –todos ellos formales- a la opción de anular el voto.

El voto tiene que poder ser algo más que un instrumento “útil” en un mercado de opciones finitas y ese “algo más”, solo puede ser bien calibrado desde el territorio de la ética. Y quiero, por ética, entender con Spinoza, no el conjunto de preceptos y normas impuestas por un orden superior y/o jurídico, sujetos a castigo o a reprimendas en caso de incumplimiento, sino algo mucho más vital, más denso y al mismo tiempo más sencillo: la libertad del hombre (Spinoza escribió hace varios siglos, por tanto no es criticable su uso metonímico –la parte por el todo-, del género) y la fuerza de sus afecciones. Intentando poner este postulado en clave electoral contemporánea, me parece que lo que está en juego desde una ética política, en el contexto de las actuales elecciones, es justamente el balance que cada quién y cada uno y una, pueda elaborar para no fallar a su propia libertad, manteniendo al centro lo que para Spinoza era el motor de la socialidad: las afecciones, es decir, las pasiones, es decir las emociones (no en su sentido banal de lo opuesto al intelecto, sino justamente lo contrario. Sin afecciones no hay intelecto posible). Y, es fundamental, en este balance, asumir que los “no lugares” no existen (salvo como potencia) y que un voto nulo es un lugar cargado de sentido, una superficie donde se inscribe un juicio y una posición ética, que expresa no solamente un rechazo, sino que vislumbra en sí misma la creencia de que otro orden es posible.

En la iglesia, en el servicio militar, se habla de “objeción de conciencia”, como un rechazo al cumplimiento de determinadas normas jurídicas. El movimiento “Anulo mi voto”, se inscribe y se suma a una larga e histórica tradición en la que el derecho subjetivo, fundamentado en una evaluación consciente e informada de las cosas dadas, apela en última instancia a la ética: no suscribir aquello que atenta contra la propia libertad de elección y contra aquello que contradice nuestras “afecciones”.

Si el creciente movimiento “anulo mi voto” se convierte en algo más, en un programa o propuesta, es otra discusión. Lo que me parece que hay que sacar de las consideraciones, si se quiere optar por el territorio de la ética y no por el de la racionalidad instrumental, es, en primer término, la “valoración estadística” de los votos nulos; a una posición ética, tomada desde el derecho subjetivo, esta consideración le es irrelevante; y, en segundo término, es el efecto “práctico” inmediato lo que no entra en la valoración. No se trata de un juego de “estrategia”, de desfavorecer o favorecer, sino de una imposición –ética-, que emerge de lo más profundo del ser ciudadano.

Más allá de la medición puntual y estadística, los votos nulos que se acumulen y que serán, sin duda, claramente diferenciables de los errores, la novena opción será un grito silencioso en el que miles de mujeres y hombres, jóvenes y viejos, profesionistas y empleados, estudiantes y profesores, habrán de plantear por lo menos una interrogante al sistema de partidos. Y ya nos enseñó Italo Calvino, quien comanda la comunicación no es el habla, sino la escucha. Escuchar sigue siendo, todavía, una opción.

lunes, 1 de junio de 2009

Voto en blanco



Mi voto en blanco

Lydia Cacho

01/06/2009

El Universal



La gran mayoría de personas con credencial electoral hemos pasado los últimos dos meses preguntándonos y debatiendo qué hacer con nuestro voto. Las y los políticos por su parte han montado un circo espectacular; la credibilidad de quienes conforman el aparato del Estado ha llegado a su límite y va sin duda alguna hacia una estrepitosa caída. Es por ello que todos los partidos han elegido la mercadotecnia de la fama y el nombre para cooptar votos. Vemos carteles de deportistas, modelos, boxeadores, escritoras, bailarinas, corruptos cantantes de música cristiana, hijos de multimillonarios harineros, jefes de noticias de monopolios televisivos; todos ellos prometiendo honestidad y efectividad. El tratamiento que los partidos nos están dando como sociedad al elegir a sus candidatos es el de imbéciles. El insulto no podía ser mayor. El PRI y el PAN se coluden para ganar a costa de los derechos de las mujeres, el PRI y el PRD se hermanan y venden candidaturas en los estados; el caos es intencional, no casual.

México está viviendo un periodo negro. La delincuencia, dice Ernesto López Portillo, se ha convertido en una forma de vida, se ha masificado el mercado de la ilegalidad. El país celebró el cambio de partido en el poder y ahora entendemos que al desmoronarse el régimen experto en administrar el crimen la violencia y la ilegalidad, éstas se masificaron y quedaron fuera de control. De la mano de ese hecho político, está el fortalecimiento de políticas que favorecen a los ricos y excluyen a los pobres. El Estado no está capacitado para imponer la ley. Lo que sigue igual que antes es la falta de transparencia en todas las áreas de la vida política. Mientras las y los periodistas arrojamos luz sobre las élites en el poder causantes de la descomposición del país, la sociedad se indigna y las élites se ríen, las televisoras se coluden con las élites y los partidos nos dicen que vivimos en un sistema político en el cual mandan las mayorías: una democracia. Si no fuera indigno causaría risa.

En la medida en que los partidos pongan en los congresos a sus operadores, a personas famosas, ignorantes del manejo de los mecanismos del poder y la política, desconocedoras de las leyes y sus vericuetos, las élites corruptas que controlan el poder, tendrán mayor éxito en su empresa de fortalecer el pacto de impunidad que tiene paralizado al país. El voto forzado a lo “menos peor” es el peor de los votos. Que las buenas escritoras escriban, que los deportistas ganen medallas, que los cantantes canten, que las televisoras engañen desde su propio espacio, pero que no monten el teatro de la democracia.

Por esas razones y otras más yo dejaré mi voto en blanco. Aunque no exista la figura jurídica del voto en blanco, aunque los partidos digan que salieron nulos, ellos sabrán muy bien que el mensaje es: no soy tu cómplice, no me engañas, no me usas, tus candidatos no me representan. El abstencionismo es abulia, el voto en blanco es una acción ciudadana, un acto de libertad, una rebelión pacífica, un acto de congruencia, un acto de civismo.

domingo, 31 de mayo de 2009

Partidos "nuevos", satélites priísitas, reciclando políticos basura.

PSD, corrupto y gangsteril desde su inicio (leer conflicto porril contra Patricia Mercado) y arropado por lo más sucio del PRI, se atrave a presentar como candidato a: ¡Pancho Cachondo!

¡Adiós al PSD!

viernes, 29 de mayo de 2009

Jorge Emilio González, presidente del PVEM, hablando idioteces.

¿Es el tipo de político que se merece este país?

¡Qué vergüenza!

miércoles, 27 de mayo de 2009

Voto Nulo


Rosa Albina Garavito 12/05/2009 Blog Yo Anularé mi Voto



En noviembre del año pasado me sorprendí pensando en la posibilidad de anular mi voto el próximo 5 de julio. ¡¿Cómo!? ¿Tanto luchar porque el voto se respete para ahora ir a las urnas a emitir un voto que se contará como nulo; a votar por todos a la vez que es equivalente a votar por ninguno; a manifestar que todos son iguales y que por lo tanto lo más coherente es anular el voto? Sin embargo, no tardé mucho en convencerme de que, para darle nuevas oportunidades a la democracia en nuestro país, lo mejor es anular el voto.

La primera imagen que vino a mi mente fue la de Margarita, una empleada doméstica residente en Santiago de Chile, a quien conocí cuando estudié en ese país en el bienio 1969-1970. Ahí aprendí mis primeras lecciones de democracia. Llegada de un país donde las elecciones a pocos les importaba, salvo a quienes las manipulaban a su antojo para garantizarse la legitimidad legal de la reproducción del viejo régimen priísta, mi primera sorpresa fue observar el desarrollo de las elecciones en un sistema plural de partidos, con libertad de expresión, con ciudadanos concientes que sin presiones políticas acudían a votar por los candidatos de su preferencia. Cuando pregunté a Margarita por quién votaría en la elección intermedia en curso (previa a la que llevó al triunfo a Salvador Allende), me contestó con orgullo: “no me convence ningún partido, ningún candidato, así que votaré en blanco (opción existente en aquellas boletas). Sí, me voy a abstener.” Como Margarita estaba registrada en el padrón electoral de Chillán, tenía que hacer un viaje a esa ciudad de aproximadamente cuatro horas. A pesar de los significativos costos que eso representaba en relación a su exiguo salario, el alto aprecio por su opinión electoral, la llevaba a emprender el viaje con gran convencimiento. No me argumentó que iría a votar porque en ese país el sufragio no sólo es un derecho, sino también una obligación. No, a lo que apeló fue a su derecho de decir no al sistema de partidos y candidatos. Y subrayó su decisión con una amplia sonrisa de satisfacción en una boca desdentada.

Sin duda, Margarita fue la primera ciudadana que conocí. En México pasarían casi veinte años para que emergiera un nuevo sujeto social: el ciudadano; y que ese nuevo sujeto social irrumpiera en masa en las urnas de 1988 (yo entre ellos). Y ahora, después de veinte años más, estoy aquí con la misma convicción de Margarita: anularé mi voto, y esa será mi mejor contribución como ciudadana conciente para que se abran nuevos caminos a una democracia que apenas niña se corrompió y se pudrió en el cinismo.

Pero si hasta hace poco como militante del PRD trataba de construír una democracia desde la izquierda, ahora anular el voto, ¿no fortalecerá más a la derecha de lo que ya la ha fortalecido la alianza PRI-PAN (desde 1988); la impunidad y los poderes fácticos? ¿Por qué no seguir perteneciendo a las fieles filas del voto duro por el PRD? ¿Por qué, como tantos argumentan, no votar por el menos malo? Porque estoy convencida de que la suma de los partidos parió un oligopolio de mafias políticas. Y de ese oligopolio forma parte relevante el PRD. Las evidencias son muchas. El PRD convirtió -como el resto de los partidos- el acceso a puestos de elección popular no en el fortalecimiento de una democracia representativa transparente, sino en el oscuro juego de pequeños intereses cuyo objetivo es repartirse los espacios de poder para autoreproducirse. El artículo 41 constitucional establece que los partidos son entidades de interés público cuyo fin es promover la participación del pueblo en la vida democrática. Sin embargo, por la manera en que el PRD –como el resto de los partidos-
maneja sus finanzas; hace sus campañas internas; promueve el clientelismo y el corporativismo; nombra a sus candidatos; y ejerce el poder que le da el voto ciudadano en las urnas, está lejos, muy lejos de fortalecer la representación ciudadana que es a quien se debe.

Diputados que se reparten sin pudor el presupuesto no ejercido en lugar de enterarlo, como la ley señala, a la Tesorería de la Federación. Elecciones en que se violan las normas internas, aunque después se exija que el resto de las instituciones respeten el Cofipe a la hora de las campañas y las elecciones constitucionales. Compra de votos en todos los procesos; opacidad en el origen de los recursos de sus precampañas. En fin todas las triquiñuelas del viejo régimen priísta. Con un agregado bochornoso: la falta de oficio en la inveterada práctica de la corrupción, los hace fácil presa de los interesados en exhibirlos. Uno de los resultados de esa impericia ha sido el bochornoso espectáculo de los video escándalos de 2004. ¿La ética política de la izquierda? ¡Bien, gracias!

Decía Marx que la sociedad no se plantea los problemas hasta que no tiene su solución. La solución para el PRD ya existe: regresarlo a la sociedad, al movimiento democrático que le dio vida. Pero sus dirigentes, las distintas expresiones de los grupos internos se niegan rotundamente a renunciar a la franquicia, que es en lo que han convertido el registro de ese partido. Todavía en la campaña para la elección de la dirigencia en 2008, en la cual participé como candidata a Secretaria General en fórmula con Alfonso Ramírez Cuellar, esta propuesta logró formularse con precisión: suspender el proceso electoral (amañado desde el inicio por todos los flancos, incluso por la propaganda indebida de AMLO hacia su candidato –como en el viejo presidencialismo priísta-); y convocar a un Comité Ciudadano para que a su vez este organizara la celebración de la Asamblea Constitutiva de un nuevo partido. El requisito para que este proceso fuera sano y diera nacimiento a la expresión de un real partido de izquierda es que la vieja clase política perredista no participara en él, no metiera las manos. La razón es muy sencilla, ese conjunto de dirigentes se quedó enredado en las telarañas del viejo régimen. Desechada la propuesta, lo que seguía era salirse del partido y empezar algo nuevo. La respuesta de “los más demócratas” en el PRD fue: ¡No, no vamos a romper, somos muy institucionales! A los pocos días renuncié al partido que contribuí a fundar con profunda convicción.

¿Y AMLO? ¿Por qué no apoyarlo? Ha mantenido de manera firme una crítica despiadada a las mafias políticas realmente existentes que intentaron eliminarlo como opción a la Presidencia de la República mediante el desafuero, y después manipularon la campaña electoral para finalmente otorgarle el triunfo a Felipe Calderón, con un resultado tan cerrado que es difícil saber quién efectivamente ganó. Un episodio en el que estuvieron coludidos los tres poderes republicanos, lo que habla de la podredumbre de nuestras instituciones; y en el que intervinieron también los poderes fácticos. Sin duda uno de los acontecimientos más sucios y reprobables de la política en México. El problema es que la firme lucha de AMLO no lo exime de prácticas autoritarias propias del priísmo para la toma de decisiones en el movimiento que encabeza. No sería sano resolver la debilidad actual del Poder Ejecutivo con un regreso al viejo autoritarismo presidencial que AMLO significa. Como tampoco ha sido sano que por su decisión indiscutible se incluyan candidatos que hasta hace muy poco fueron tenaces defensores de propuestas que han arruinado al país como la socialización de las pérdidas bancarias mediante la legalización como deuda pública de los pasivos del Fobaproa. U otros que fueron feroces perseguidores de perredistas en los años en que defender el voto era un delito equivalente a la subversión. Cada quien puede tener el origen político que le corresponda, pero cuando se salta a las filas de las supuestas fuerzas democráticas, lo menos que podría y debería exigirse es una autocrítica pública por sus conductas del pasado. ¿O exagero?

¿A quién beneficiará la anulación del voto?

Las elecciones intermedias en México se caracterizan por una alta abstención (60%), lo cual indica la permanencia de la vieja tradición del presidencialismo. El cálculo es que en el proceso en curso esta podría llegar hasta 70%. Si esos diez puntos porcentuales fueran de ciudadanos que acudieron a las urnas a anular su voto, ¿cuál sería el impacto en cada partido? Yo no lo sé. Lo que sí sé, es que constituiría una seria llamada de atención al sistema de partidos en su conjunto, para que vuelvan la mirada a la ciudadanía a la cual se deben. Constituiría también un fuerte golpe a la ya precaria legitimidad social y legal del sistema de partidos en su conjunto. Saber cuál es la masa crítica de ciudadanos cuya conciencia democrática les dicta ir a las urnas a anular su voto, es el primer paso para exigir el cumplimiento de la nueva agenda democrática, que pienso, se cae de madura. Pero el voto nulo es también el primer paso para que la gente se reconozca en su derecho a abrir nuevos caminos para recuperar y desarrollar un sistema democrático real.

Por el lado de la democracia representativa, algunos de los temas pendientes son:

1. Rendición de cuentas,
2. Revocación de mandato,
3. Plebiscito y referéndum;
4. Candidaturas ciudadanas;
5. Transparencia a fondo en el uso de recursos públicos por gobiernos, poderes republicanos, y organizaciones sociales;
6. Disminución sustantiva del financiamiento a campañas y a partidos;
7. Ley de partidos para lograr su efectiva ciudadanización;
8. Ratificación del Gabinete por el Senado de la República.

Por el lado de la democracia participativa:

1. Libertad y democracia sindicales.
2. Democratización del régimen de salarios mínimos;
3. Justicia laboral independiente y expedita;
4. Reconocimiento de la autonomía de los pueblos indios como entidades de derecho público;
5. Consejo social representativo para la definición de la política económica y social;
6. Sanciones al Poder Ejecutivo por incumplimiento de las metas del Plan Nacional de Desarrollo y los Planes sectoriales;
7. Reglamentación del artículo 25 Constitucional en materia de Sector social, para hacer efectivo el carácter de economía mixta que otorga la constitución a nuestro sistema económico;
8. Desaparición de los poderes fácticos;
9. Democratización de los medios de comunicación;
10. Supresión de los monopolios.

Que la partidocracia se extinga

La legitimidad legal y social de los gobiernos emanados de los procesos electorales es cada vez más precaria. La que tuvo el primer gobierno de la alternancia en el 2000 fue derrochada de manera miserable. Y la que asiste al gobierno de Calderón es más que endeble. La conquista de la democracia formal sucumbió muy pronto frente a la colusión de los intereses de la derecha del PRI y del PAN; y a ello contribuyó la acelerada corrupción del más grande esfuerzo unitario de la izquierda en el siglo XX: el PRD. También los caudillismos priístas a los que sin pudor alguno y con todo el oportunismo electoral de por medio, la izquierda se plegó. Hoy, para recuperar la esperanza en la democracia, sólo contamos con nuestro voto. Es un arma pequeña, pero poderosa. Hacer patente la escasa legitimidad social y la precaria legitimidad legal con un alto porcentaje de votos nulos (¿más que los que se emitan por cualquier partido?) sin duda constituye el primer paso para sanear nuestro sistema de representación política.

En 1988 los diversos sujetos sociales hicieron nacer uno nuevo: el ciudadano, que de manera masiva se lanzó a las urnas a votar en contra del PRI. Hoy que todos los partidos se reprodujeron como un pedazo del viejo PRI, es necesario anular nuestro voto. Las diversas expresiones del movimiento social podrían recuperar el valor del voto para decir no a la comparsa de los partidos que vienen del viejo régimen. Se trata, con alta conciencia cívica y una participación masiva, de romper ese viejo cascarón para dar vida a un nuevo sistema de representación política y social, con nuevas reglas, con transparencia, con democracia participativa.

Hasta ahora la rutina electoral ha venido reproduciendo a la partidocracia existente con grados muy bajos de legitimidad legal y social, y ello ha seguido hundiendo al país. No es casual que en América Latina nos encontremos en los últimos lugares en cuanto a desempeño económico se refiere, después de haber sido por décadas, el país de mayor tasa de crecimiento económico estable de la región.

El pacto social que dio vida a aquel milagro económico se ha roto. Es necesario restablecerlo. Pero no para recrear el corporativismo y autoritarismo de aquel, sino para redefinirlo en los marcos de un sistema democrático representativo y participativo. Para ello no tenemos más arma que nuestro voto. Se trata de que la ética se convierta en la esencia de la política, para que esta se dignifique; para que los políticos sirvan al pueblo y no al revés.

Es necesario liberar la energía democratizadora de la sociedad. La anulación del voto puede ser el primer paso. La actitud de quien se abstiene no yendo a las urnas es muy distinta de quien acude a ellas a anular su voto. En el primer caso denota indiferencia y menosprecio por las conquistas logradas por el movimiento democrático; por ejemplo comicios rigurosamente vigilados. En el segundo caso se trata de reivindicar el valor del voto mediante la abstención activa. Mientras que votar por los partidos existentes equivale a prolongar la agonía del viejo régimen que se recreó en la partidocracia actual.

Redistribuír el poder político, no la miseria

En la víspera del bicentenario de la revolución de independencia y el centenario de la primera revolución social del siglo XX, es necesario iniciar una revolución pacífica desde abajo. Es necesario acudir a las urnas para anular nuestro voto. La resistencia civil a la usurpación del poder y al secuestro de la soberanía popular, no se ha detenido desde que logramos nuestra independencia como nación. Si las conciencias ciudadanas despiertan oportunamente frente al abismo en que el país se encuentra, muy pronto se darán cuenta de que la clase política en el poder, cualquiera que sea su signo político, es la responsable de la larga y profunda crisis que durante las últimas décadas ha estado viviendo el país.

A la crisis económica de larga data, se suman la violentísima crisis de seguridad pública, la masiva violación a los derechos humanos, y ahora la crisis sanitaria. Nada es casual. Si cada una se desarrolló es porque encontró la impunidad, la ineficacia, la corrupción, y el cinismo necesario para someter la cosa pública al interés privado.

Repartir migajas del presupuesto para mitigar la pobreza, mientras la política económica continúa siendo la gran fábrica de pobres, y por el otro de algunos grandes multimillonarios, en realidad constituye una burla a los más necesitados. Lo que se debe distribuir es el poder de decisión. Para ello es necesaria la democracia representativa. Pero no es suficiente, menos cuando se corrompió de manera temprana y acelerada. Por eso es necesario fortalecerla, y además abrir las puertas a la democracia participativa. Que en los centros de trabajo urbanos y rurales, en las organizaciones sociales, en los barrios, en las escuelas; los trabajadores y los ciudadanos tengan voz y voto sobre el salario, el empleo, la política educativa, de salud, de vivienda, de alimentación. Que los pueblos indios sean dueños de su destino.

Porque la política es un bien común, debemos regresarla a los designios de la comunidad, de la sociedad. Es necesario que los partidos sean efectivamente entidades de interés público y no las franquicias económicas que hoy son. Es necesario rescatar a la política y construír desde abajo nuevas organizaciones democráticas, plurales, representativas, transparentes, que sean expresión del México del siglo XXI. Por todas estas razones estoy convencida de anular mi voto el próximo 5 de julio. (Publicado en internet)

México, D. F., 12 de mayo del 2009

Para políticos nulos, un voto nulo


José Antonio Crespo

18/05/2009

Correo de Guanajuato



Me encuentro en diversos portales, mensajes y blogs del internet varios ciudadanos y organizaciones convocando a anular el voto o abstenerse en estos comicios intermedios, no siempre por idénticas razones, pero sí parecidas. Usan distintos lemas, frecuentemente creativos. Una especie de campaña underground que contrasta con la del IFE exhortando a votar por algún partido. El IFE asocia el voto por algún partido como la vía de cambio. Muchos pensamos, en cambio, que en las actuales condiciones partidocráticas, un alto nivel de participación efectiva (por uno u otro partido) sería un factor de inercia y estancamiento, al validar a los partidos en su actual ruta. Uno de esos movimientos por el "no voto" utiliza el lema "Un voto anulado dice más", con el evidente propósito no sólo de protestar a nivel individual contra todos los partidos (por no resultar convincente ninguno de ellos), sino hacerlo masivamente, de manera que al menos quede constancia de la magnitud de dicha inconformidad.

Otro movimiento se denomina, de manera no muy rebuscada, "Yo anularé mi voto", cuyos promotores sintetizan el sentir de muchos ciudadanos, que refleja una fuerte crisis de representación política: "Cada tres años (los partidos) llaman al pueblo a las elecciones. Despilfarran cuantiosas sumas del erario público en campañas y encuestas para convencernos de darles unos minutos en las urnas; porque es a unos minutos que se reduce nuestra participación. Lo más absurdo es que nuestro voto es indispensable para que esta clase política usurpe nuestros derechos democráticos… Por eso no votaremos por ellos este 5 de julio. No seremos cómplices de su impunidad", dicen ahí.

Otro movimiento, en Jalisco (desconozco si también está extendido a otras entidades), se denomina "Para políticos nulos, un voto nulo". El título lo dice todo. Hay también blogs especiales en torno a este tema, como lo es anulomivoto.blogspot.com. Ahí los participantes discuten si votar por algún partido político, el de su preferencia, el "menos malo", o uno al azar, con tal de votar. O bien si es válido no sufragar por ninguno. Y en otro plano, se debate si estratégicamente conviene más abstenerse o concurrir a la casilla y anular el voto. Se dan evidentemente razones en uno y otro sentido. Los inconformes con los partidos reclaman su derecho a protestar contra el sistema de partidos (y, a veces, también contra el sistema electoral). Y debaten cuál de esas expresiones, la abstención o el voto nulo, puede presionar más eficazmente a los partidos para que realicen reformas que incluyan en mayor medida a sus "representados". También, se discute si el "no voto" (en cualquiera de sus dos expresiones) es un derecho, como parte de la libertad de votar (la cual implicaría también la libertad de no votar). Yo así lo creo. Algunos polemistas en ese debate dicen que no es obligatorio votar por algún partido (como los "participacionistas" quieren). Dicen que eso es como elegir entre morir en la horca o en la guillotina. Quienes prefieren anular el voto, insisten en que no se desea mandar el mensaje de la apatía (como comúnmente se interpreta la abstención), sino de rechazo activo y deliberado a todos los partidos. Concuerdo con ello. Es lo que suele llamarse "abstencionismo activo, o cívico", pero que fácilmente puede confundirse con el abstencionismo apático o indiferente, si no se plasma en una boleta anulándola con claridad. Nuestra legislación no contempla el "voto en blanco" como sí existe en varias democracias, es decir un espacio en la boleta especial para quien quiera votar por "ninguno", en cuyo caso no tacha toda la boleta, sino sólo ese espacio creado como una opción legítima, como una posibilidad de la libertad de votar. Habrá que empujar que en adelante se incluya ese derecho (que en general, aún los "participacionistas" reconocen como menos perjudicial institucionalmente que simplemente abstenerse de ir a las urnas).

Un ciudadano abstencionista expresa, por su parte: "Se trata de no votar, no de anular el voto: un voto anulado brinda legitimidad al sistema, dado que, en las cuentas finales, gane quien gane, sin importar con cuántos votos, lo habrá logrado con un índice significativo de votos emitidos. La lección que requieren los partidos y los candidatos, es que si resultan elegidos, sea con un índice extremadamente reducido de emisión de votos: que quede claro que sabemos que no representan a nadie, más que a sus propios intereses".

Por su parte, el Movimiento Segunda Generación promueve la anulación del voto en lugar de la abstención: "Si dejamos de votar, el gobierno cree que los ciudadanos no estamos interesados en las elecciones, si anulamos el voto mostraremos inconformidad con los candidatos; siendo ésta una democracia, tenemos el derecho de decidir no votar por nadie, dado que nadie nos convence" asegura su líder, Gabriel Hinojosa, cuya campaña se denomina "Tache a Todos". Y un ciudadano que coincide con ello, argumenta: "En vez de ser un ciudadano irresponsable que no cumple con sus responsabilidades sociales, este año ejerceré mi derecho a votar y cumpliré con mis responsabilidades sociales, anulando mi voto". Yo coincido con esta óptica, pero seguramente muchos otros inconformes con los partidos no lo vean así, por lo cual, es probable que el abstencionismo sea superior que el índice de votos nulos. Sería interesante y conveniente que el IFE, en su empeño por abatir el abstencionismo, informara también a la ciudadanía la posibilidad de participar sufragando por un candidato no registrado, que es equivalente a anular el voto, algo aceptado por nuestro sistema electoral como legal y legítimo, pues incluso la boleta reserva un espacio para dicha opción. A menos, claro, que el IFE esté al servicio de los partidos, y no de la ciudadanía que merece y requiere la información completa antes de tomar su decisión.

viernes, 15 de mayo de 2009

Partidos, ¡vergüenza nacional!


La Jornada
Jorge Camil
15/05/2009


El tema de mi artículo ¿Usted piensa votar? (La Jornada 17/4/09) mereció un inusitado número de comentarios que demuestran la preocupación por las próximas elecciones y el desencanto con nuestro sistema político. Una cosa quedó clara: ninguno de los lectores confía en los partidos, lo cual destruye el valor de nuestra democracia. Casi nadie confía en el Instituto Federal Electoarl (IFE), antiguo bastión del sistema electoral que permitió la alternancia en 2000. En los 42 comentarios que se subieron a la página digital de La Jornada, y en los nueve recibidos directamente en mi correo electrónico el día de la publicación, casi todos los lectores estuvieron de acuerdo con la inutilidad de ejercer el voto el próximo 5 de julio.

Pero hubo diferencias importantes en la forma en que cada uno planea protestar. Algunos, como yo, optaron por no acudir a las urnas. Otros han creado blogs invitando a no votar o anular las boletas, conscientes de que la abstención deja el camino abierto a las decisiones del voto duro. Muchos, sin embargo, impulsados por un respetable deber cívico, pero sin dejar de protestar por el lamentable estado de nuestro gobierno y del sistema político, se disponen a anular la boleta escribiendo leyendas contra los políticos o los partidos. (Un lector anunció que después de registrarse en la casilla destruiría la boleta, lo cual constituiría un delito.)

Las leyendas propuestas para anular el voto reflejan la frustración ciudadana con un país que nueve años después de la alternancia continúa trastabillando en la oscuridad. Varios lectores recomendaron que las leyendas fuesen respetuosas. Uno, al menos, anunció que cruzará la boleta con una frase que resume todo: ¡clase política desvergonzada!

Al día siguiente de la aparición de mi artículo, Milenio (18/4/09) publicó una nota con el resultado de la Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas 2008 (ENCUP) de la Secretaría de Gobernación. Las cifras hablan por sí solas. ¡Sólo 4 por ciento de la población mexicana confía en los partidos políticos!, y mientras 31 por ciento tiene confianza en el IFE, 66 por ciento no considera que las elecciones sean limpias. En ese orden de cosas vale preguntar: ¿qué son y para qué sirven los partidos políticos? ¿Para qué sostener con fondos públicos instituciones en las que nadie confía? Es ofensivo hacerles el juego a mafias disfrazadas de partidos políticos, que operan redituables empresas destinadas a preservar poder, privilegios personales y ganancias espectaculares. ¿Usted apoya la existencia de partidos familiares? (me refiero por supuesto al del niño verde). ¿Está de acuerdo en que existan partidos propiedad de una lideresa magisterial que se adueñó de un partido confeti (Panal), y tiene una garra de halcón encajada en el corazón de cada uno de los dos principales partidos políticos nacionales?

Hace dos años, en un artículo titulado Partidocracia: república del cambalache (La Jornada, 28/12/07), expresé que la partidocracia que padecemos es una oligarquía: una forma impura de gobierno en donde unos cuantos rigen en beneficio propio. Hoy, más que nunca, confirmo esa creencia. No se sorprenda. La oligarquía es la forma de gobierno que tuvimos con el PRI, aunque ahí los oligarcas estaban concentrados como abejas en un mismo panal. Y oligarquía es la forma de gobierno que prevalece hoy, con la diferencia de que el nuevo monopolio del poder se comparte ahora entre grupos de diversos partidos.

¿Ideología, valores, principios? ¡Por favor! Se trata de ganar votos con comerciales ridículos en la televisión; comerciales que apelan a nuestro patriotismo, espíritu cívico y orgullo nacional.

¿Qué busca el PAN en la próxima elección? Ganar para continuar gobernando en 2012. ¿Qué busca el PRI? Ganar para recuperar la Presidencia. ¿Qué busca el PRD? Ganar para volver a intentar la Presidencia en 2012. ¿Alguien se preocupa por la precaria situación de millones de mexicanos? ¿Quién ejerce el mexicanísimo derecho de palomear candidatos? Según Proceso (No. 1694), en el PAN lo ejercieron desde Los Pinos el Presidente y Germán Martínez. Y en el PRI, además de Manlio Fabio Beltrones y Beatriz Paredes, Carlos Salinas de Gortari (que palomeó candidaturas plurinominales en favor de familiares y ex colaboradores). En el PRD prevaleció la rebatiña. ¿Usted sinceramente cree que los candidatos palomeados por ese reducido grupo de poder vayan a gobernar en beneficio de todos los mexicanos?

En mi artículo sobre la partidocracia mexicana concluí que habiendo desaparecido la ideología y, muertas las propuestas, se desvanecieron las diferencias entre izquierdas y derechas. “Todo es coyuntural: qué me das y qué te doy… un gobierno de toma y daca. La república del cambalache”.

Enrique Dussel, maestro de la UAM, ofreció en días pasados una sencilla y atractiva definición de democracia en el programa de Carmen Aristegui. Existe democracia, dijo, ahí donde participa un pueblo en la gestión. ¿Usted piensa sinceramente que después de depositar su voto el 5 de julio participará en la tarea de gobernar?

jueves, 14 de mayo de 2009

Cositas- Tache a Todos

Lotería Partidista- Tache a Todos

sábado, 2 de mayo de 2009

Voto nulo como estrategia ciudadana


José Antonio Crespo
"¿El "no voto": esfuerzo inútil?"


En el número de abril de la revista Nexos se hace una reflexión plural sobre si conviene votar o no en las actuales circunstancias. Una de esas reflexiones la hace José Woldenberg (Gesto inútil), a quien mucho aprecio y respeto. En lo que hace a la discusión sobre las razones de votar o no votar en estas elecciones o, más aún, como él mismo lo pone, si tiene sentido abstenerse, mi postura es que, a partir del comportamiento de todos los partidos en los últimos años, se puede concluir que no hay diferencia sustancial entre ellos. Y que los ciudadanos que así lo sientan (no sabemos cuántos son) pueden expresar ese rechazo y ejercer una presión sobre los partidos anulando el voto (aunque muchos, al parecer, no quieren ni siquiera concurrir a la urna). La postura de Woldenberg es que esa estrategia no tiene mayor sentido. Recuerda el ex presidente del IFE que en los últimos años pasamos “de un partido hegemónico a otro pluripartidista“, y de una política “monocolor a otra donde el pluralismo se reproduce en las instituciones de Estado”. Es cierto, pero algunos pensamos que los partidos se repartieron el poder que antes detentaba el PRI, sin compartirlo a su vez con sus respectivos representados, para lo cual no se les ven muchas ganas (ahí está todavía esperando, por ejemplo, la reelección consecutiva de legisladores y munícipes, como mecanismo esencial de la democracia representativa).

Afirma también Woldenberg que “la abstención tiene sentido cuando alguna fuerza política fundamental en un país es excluida de la contienda”, lo cual quedó superado ya. Cierto, pero ahora la exclusión se hace con los presuntos representados de los partidos o al menos muchos así lo sentimos. Por lo cual, la pregunta sería si el “no voto” de esos ciudadanos que no nos sentimos debidamente representados ni partícipes de las decisiones (así sea indirectamente), más allá del voto, puede contribuir estratégicamente a superar en medida importante dicha marginación. Woldenberg recuerda que el voto nos llevó a un mayor pluralismo político. Cierto, pero, paradójicamente, en las actuales circunstancias, el voto podría fortalecer el arreglo partidocrático y oligárquico que muchos percibimos y del cual nos quejamos. En cambio, el “no voto”, si es suficientemente amplio, podría llamar la atención partidocrática para que se dé el siguiente paso a la apertura y la inclusión política, en este caso, no de la oposición, sino justamente de los ciudadanos.

Finalmente, Woldenberg advierte que un fuerte abstencionismo, más que ser un instrumento adecuado para avanzar en la democratización (en la relación entre partidos y ciudadanos), puede provocar un retroceso, echar abajo lo que hemos logrado en muchos años: “¿Queremos desfondar lo poco o mucho que hemos construido hasta ahora?”. Ante esa advertencia, que es perfectamente atendible, haría yo dos apuntes: a) Es cierto que un abstencionismo total, por definición, provocaría un colapso de la democracia en vigor. Simplemente no podría instalarse la Cámara baja y se crearía una crisis política y constitucional. No es eso lo que se busca (aunque no podría asegurar que algunos no pretendan eso). El cálculo es que hay un buen número de ciudadanos que sí tienen una preferencia partidista o están dispuestos todavía a votar por el “mal menor” (las encuestas calculan entre 30 y 40 %), por lo cual, aun con una elevada abstención, no habría colapso. b) Me parece menos riesgoso institucionalmente, en lugar de abstenerse, presentarse a la urna y anular el voto, con el fin de reproducir en lo posible lo que en muchas democracias se conoce como “voto en blanco”, para lo cual existe ahí un recuadro específico en la boleta. Se estaría emitiendo un “voto de castigo” a todos los partidos, sin rechazar de plano a todas las instituciones. Es cierto que, de alcanzar la anulación y la abstención juntas, igualmente ciento por ciento, la temida crisis ocurriría (como lo pinta José Saramago en su Ensayo sobre la lucidez). Pero el cálculo es, como se dijo, que muchos ciudadanos votarán por algún partido, para evitar así el colapso. Si la abstención, junto con el voto nulo, son excepcionales, pero no totales, no habrá colapso, mas los partidos recibirán el mensaje del amplio malestar (en el lenguaje que sólo parecen entender) y, quizá, actúen en consecuencia (haciendo reformas que permitan compartir en medida suficiente su poder con los ciudadanos, reduciendo también sus insultantes privilegios, llamando a cuentas a sus infractores, etcétera). No se trata tampoco de prescindir de los partidos (“que se vayan todos”), sino de mejorar la representación. En todo caso, la probabilidad de que eso ocurra es mayor con un amplio “no voto” que con una abundante votación, que no generaría en sí misma ningún incentivo para la corrección o la reforma. Probablemente al contrario, sería un elemento de inercia, al considerarse como apoyo y aval a su camino y comportamiento actuales. Infortunadamente, los cambios (al menos en México) suelen darse, no antes, sino en medio o después de una crisis (y a veces ni así), que en este caso sería una de representación política.

Muestrario. Una encuesta telefónica publicada la semana pasada por Reforma (4/IV/09), reporta que, a propósito de la campaña negativa del PAN contra el PRI, 29% le cree al primero y 40% al segundo. De lo cual podría inferirse que dicha campaña no afectaría al PRI, lo cual se podrá aclarar en futuras encuestas. El sondeo sugiere también que sólo 12% considera interesantes las campañas, 46% no les presta atención y 37% ya se está hartando de ellas. Igualmente, 62% percibe más ataques que propuestas en la publicidad política. Y 56% considera que el proceso no está siendo democrático, frente a 32% que sí lo ve como tal.

Algunos pensamos que los partidos se repartieron el poder que antes detentaba el PRI, sin compartirlo a su vez con sus respectivos representados.